Priorizarse no es ser egoísta

Aprender a priorizarse

Voy a empezar preguntándote ¿cuál es tu lista de prioridades?

Si tras pensar en ello descubres que aparecen muchas responsabilidades o que muchas de estas prioridades están enfocadas hacia terceras personas y a duras penas puedes contar elementos que hagan alusión a ti y a tu autocuidado, siento decirte que por esta senda, probablemente, te alejes de los elementos que te proporcionan felicidad.

Aprender a priorizarse es muy importante, esto implica que la persona construya relaciones significativas y acordes a sus valores, enfocadas a la satisfacción o a cumplir necesidades propias. Dicha perspectiva no va en contraposición con ser reciproco o altruista. No obstante, implica establecer límites y entender que es un error concebir que cuanto más damos y más nos sacrificamos por los demás más amor tenemos que recibir. Esto indefectiblemente nos puede conducir a sentir vacíos, vacíos que no terminan de llenarse ya que dependen del afecto que los demás quieran o puedan darnos y seguramente desde nuestra perspectiva puede que no sea suficiente. Además, cuando tiendo a priorizar las necesidades ajenas, descuido las mías.

La única forma de asegurarnos recibir el amor que necesitamos pasa por cultivar y cuidar nuestro amor propio, esta es sin duda nuestra mejor inversión presente y futura, ya que de manera concreta cubrimos exactamente lo que realmente nos hace falta para nuestro bienestar. Y esto se debe a que nadie posee una perspectiva más clara y exacta sobre sus necesidades,más que la propia persona.

Si no nos amásemos a nosotros mismos en absoluto, nunca podríamos amar nada. El amor propio es la base de todo amor (Thomas Traherne)

Quizá la frase suene muy contundente, pero la realidad es que todo en la vida comienza con uno mismo.

Dejar de priorizarnos y anteponer siempre las necesidades de las otras personas a las nuestras, es el foco de una infinidad de problemáticas como ansiedad, discusiones, frustraciones, etcétera, ya que como decía previamente, no siempre se recibe en la medida que se da, y si esta forma de actuar es un patrón conductual o lo que es lo mismo un hábito, podemos llegar a la conclusión de que somos ingenuos y que la gente se aprovecha de nosotros. En consecuencia, pueden aparecer emociones de desconfianza, rencor, desilusión y baja autoestima. Debo reseñar que no sólo afecta al plano psicológico si no que la tensión continua o la somatización de dichas emociones da lugar a problemas de índole físico.

Vivir enfocados puramente en la vida de los demás, nos desvía de nuestro propio camino hacia nuestras metas, e incluso nos hace asumir cargas ajenas que contribuyen a hacer más pesado nuestra mochila vital.

Pasos hacia  el camino de priorizarse

 Es una cuestión de autocuidado, de escucharse a uno mismo, en definitiva, de saber poner límites y ser asertivo. Tenemos que empezar a incluir en nuestro vocabulario la palabra “no” ya que cuando estamos tan enfocados en agradar a nuestro entorno, de forma automática sale disparado el “sí” y en muchas ocasiones tras contestar surge una emoción de arrepentimiento o de disgusto porque en el fondo no puedes o simplemente no te apetece llevar a cabo la petición propuesta.

Pero, ¿cómo llevarlo a cabo? utiliza frases como: “te agradezco tu propuesta, pero”, “gracias por pensar en mí”, “te agradezco que confíes en mi”, etc. Y si no sabes qué contestar en ese momento porque te pilla por sorpresa simplemente pospón la respuesta, “déjame que me lo piense”, “mañana te digo algo cuando mire mi agenda”

Recuerda que parte del problema está en que hemos aprendido a sentirnos amados siendo complacientes con el resto, empezar a ser coherentes con nuestras apetencias, necesidades prioridades o, en definitiva, con nosotros mismos, puede conducir a que la otra persona se sienta decepcionada o no esté de acuerdo con nosotros, sin embargo, esto no nos va a convertir en menos validos o queridos. Debemos aceptar que no tenemos el control sobre lo que nuestra negativa puede generar.

Dispón de tiempo de calidad para ti mismo, entre todas las responsabilidades relacionadas con los hijos, el trabajo, la casa, etc., tienes que buscar espacios para ti, pero esto implica que realmente desconectes mentalmente de tus obligaciones, de nada sirve, estar en un spa y darle vueltas al coco pensando sobre qué pasará mañana en la reunión con tu jefe.

Escribe una lista de tareas, pero antes de empezar pon en la parte de arriba en mayúsculas la palabra “yo”, a continuación escribe esa lista pensando de forma afectuosa en ti, esto significa que entre las obligaciones añadas acciones, actividades que puedas incluir y que vayan orientadas a tu autocuidado y que te resulten gratificantes, como salir a pasear, leer una novela, ir al teatro, practicar meditación… vamos lo que viene a ser mimarse.

Con este nuevo método quizá nos demos cuenta sobre cuales obligaciones podemos posponer, delegar o incluso dejar, varias indiscutiblemente se mantendrán, pero desde este enfoque estaremos balanceado nuestro bienestar aportando elementos que nos proporcionan satisfacción.

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