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El deseo de encajar y ser aceptado por los demás es parte de lo que nos convierte en seres humanos. Los medios de comunicación y la presión social fomentan creencias que pueden llegar a ser muy dañinas, lideradas por afirmaciones como que si cumplimos con los requisitos establecidos como ideal cultural de belleza, tendremos una mayor aceptación y seremos más deseables a ojos de la sociedad.
Las revistas muestran los cuerpos esculturales de famosos y famosas, los cuales de alguna manera no dejan de ser modelos sociales. Cuando el consumidor ve estas imágenes, solo recibe mensajes subliminales sobre qué elementos son importantes de cara a tener éxito en la vida, y los estándares sociales de belleza están establecidos en las posiciones más altas, pasando por alto que la mayoría de estas imágenes están convenientemente retocadas con photoshop, con el fin de “alimentar” dichos estándares.
Las portadas de muchas revistas lanzan mensajes del tipo “baja 5 kilos en una semana” o muestran a modo de escarnio los supuestos defectos que generalmente en un descuido enseñan las celebrities.
Las redes sociales no se quedan atrás y siguen esta dinámica colgando fotos que exaltan estos prototipos de belleza. A su vez encontramos que amparados en la libertad de expresión, se da rienda suelta al insulto mediante comentarios hirientes a personas que están fuera de los cánones establecidos y/o con sobrepeso.
¿Qué tipo de mensaje estamos lanzando? y sobre todo ¿cómo impacta en personas más vulnerables como son los y las adolescentes?
Todo esta dinámica lleva a muchas personas a obsesionarse por la delgadez y a emprender una lucha en contra de su propio físico. Como consecuencia, las búsquedas de dietas milagrosas en Internet, sobretodo en primavera y verano, se disparan.
Lo anterior sumado al hecho de que buscamos soluciones rápidas, casi inmediatas, contribuye a que tengamos una baja tolerancia a la frustración. Nuestra cultura no promueve la paciencia, la constancia, la compasión. En cambio la crítica propia y ajena es un recurso utilizado con bastante ligereza.
La combinación de todos estos elementos produce un malestar significativo en la propia persona. La cual tras recibir un bombardeo continuo sobre la importancia de cumplir con los ideales de belleza, se ve mal y sintiéndose profundamente incomoda consigo misma, trata de cambiar su cuerpo. Parte del problema es que el pensamiento gira entorno a “quiero una solución para bajar de peso y la quiero ya”, la respuesta más facil se puede encontrar tras teclear en cualquier buscador online. Esta conducta implica no valorar previamente qué necesidades concretas tiene cada cuerpo y, qué riesgos puede entrañar para su salud esta decisión guiada por la más pura impulsividad.
En este mundo donde se venera la delgadez, la gordura es un elemento que muchas personas temen y/o rechazan. Entendiendo el termino gordo/a a día de hoy, por una persona que no encaja con los requisitos establecidos mediante una fina linea que separa a los individuos que cumplen con unas medidas de delgadez, de aquellos que no encajan con estas características y, desde este prisma tan exclusivo muchas personas pueden estar gordas.
Las consecuencias se hacen extensibles a todas las áreas sociales, incluso la laboral. Un estudio llevado a cabo por un sociólogo de la Universidad de la Sorbona (París), encontró que un hombre con sobrepeso tiene tres veces menos probabilidades de encontrar empleo que otro con el mismo currículo y que esté más delgado.
Perder peso no es el problema, sino la necesidad de perderlo basado en dictados sociales. Tanto como hacerlo mediante propuestas poco seguras para nuestro bienestar. Solo hay que ojear, las diferentes tendencias en dietas que van surgiendo, avaladas por personas que no necesariamente son expertas en nutrición.
Dentro de estas vías rápidas lo más frecuente es recurrir a dietas restrictivas las cuales eliminan alimentos que contengan grasas o hidratos, lo que puede conducir a carencias nutricionales y que en contra de lo esperado llevan al organismo a reducir el metabolismo, y por lo tanto, el gasto calórico, o incluso puede favorecer que el cuerpo esté en un estado de reserva. Estas estrategias además pueden deteriorar el organismo considerablemente. Lo apuntado hasta aquí son las consecuencias físicas, pero no podemos obviar las psicológicas vinculadas a la privación de determinados alimentos. La misma favorece episodios depresivos, irritabilidad, agresividad a la vez que puede darse un aumento en la ansiedad.
Muy especialmente, las dietas restrictivas favorecen la posibilidad de atracones, derivados de la ansiedad elevada que produce la prohibición de determinados alimentos, los cuales se hacen más apetecibles.
El desequilibrio emocional que se produce, sumado al hecho de que en la mayoría de las ocasiones la persona no consigue sus objetivos de perdida de peso, acaba aumentando el malestar emocional y el rechazo que la persona tiene sobre sí misma.
Una alternativa segura es ponerse en manos de profesionales que guíen correctamente el proceso de perdida de peso dentro de expectativas reales, si la persona considera por sí misma que quiere hacerlo.
Comer priorizando alimentos saludables, sin caer en el extremismo que lleve a eliminar tipos de comida.
Aceptarse a sí mismo, amar nuestro cuerpo.
Y por último, pero no por ello menos importante, no podemos olvidar que todos somos miembros de esta sociedad, es importante tomar conciencia de no estigmatizar con nuestros hechos y palabras a las personas que son diferentes

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