Dime cómo te relacionas con tus pensamientos y te diré cuánto padeces

Dime cómo te relacionas con tus pensamientos y te diré cuánto padeces

¿Eres una persona que le das muchas vueltas a las cosas? ¿tienes problemas de ansiedad? o ¿encuentras que te obsesionas con facilidad?, esto no es fortuito y es el resultado de cómo nos relacionamos con nuestros eventos internos, es decir, con nuestros pensamientos, sensaciones y emociones. Por ello, resulta fundamental saber gestionar este conjunto de elementos.
Sabemos que los pensamientos pueden llegar a ser muy poderosos, puesto que tienen la capacidad de programar nuestra conducta y si nos dejamos llevar por ellos, especialmente por aquellos que poseen un trasfondo negativo, podemos vernos inmersos en un sufrimiento importante.
Es por este motivo que las personas tratando de aliviar o detener esa incomodidad, luchan contra los pensamientos, argumentan o evitan sentir, pero si te detienes a ver el resultado de esta estrategia sobre ti mismo, probablemente encuentres que dista mucho de lo deseado, ya que cuanto más te enfrentas a ellos más atrapado te ves en una espiral de malestar. Esta situación es similar a encontrarse dentro de arenas movedizas… cuanto más luchas por salir, más te vas hundiendo.
Es fundamental entender el proceso mediante el cual se produce esta dinámica; los pensamientos negativos pueden ser realmente abrumadores, ya que habitualmente cada pensamiento lleva asociado una emoción que va en consonancia con este. Por lo que si entramos a discutir con dichos pensamientos, cada vez que elicitemos uno nuevo, este traerá consigo una carga adicional de emoción, de esta forma la intensidad ira aumentando hasta que la persona rompa con este círculo vicioso.
Por otro lado, también es necesario saber que las emociones son como olas en el océano. Vienen y van libremente … a menos que … nos tomemos el tiempo para darnos cuenta de lo que está sucediendo y de por qué está sucediendo.
Luchar con los pensamientos, bloquear emociones, anticipar consecuencias, juzgarnos a nosotros mismos y juzgar la situación son estrategias que suelen ser los desencadenantes de gran sufrimiento, por lo que si día tras día seguimos utilizándolas, indiscutiblemente … seguiremos obteniendo los mismos resultados.
Una vez visto cómo se produce el problema, vamos a entrar en la solución. Una herramienta de gran utilidad resulta adoptar la postura del “yo observador”. El yo observador proviene de la práctica de la Atención Plena y nos conecta en el momento presente mientras experimentamos las diferentes emociones que van apareciendo, como la ansiedad que usualmente se da por la incertidumbre.
Además, el ser observador nos permite experimentar la vida a través de nuestros sentidos y, nos otorga una información esencial dado que fomenta el autoconocimiento, explorando nuestra experiencia sin quedarnos enganchados en el propio pensamiento analítico y por ende en el malestar que este puede llegar a generar.
Ejercicio:

Ponte cómodo, cierra los ojos, respira profundamente y luego exhala lentamente. Lleva toda tu atención a la respiración. No importa si vienen pensamientos, obsérvalos y reconduce tu atención en la respiración. Observe cómo tu pecho sube y baja a medida que inspira y libera aire.
(La regulación de la respiración ayuda a ralentizar el proceso de pensamiento y al no pararnos a prestarles atención, finalmente pierden interes y fuerza.)
Presta atención a lo que está sucediendo en tu cuerpo. Haz espacio a cualquier emoción, sensacion corporal que acompañan a estos pensamientos. Permite que estén el tiempo que precisen sin atraparlos, ni tratar de echarlos, deja que fluyan por ellas mismas, hasta que se vayan.
Imagina que las emociones y pensamientos, son solo eso… emociones, obsérvalas como quien suelta un globo de helio que representa esa emoción que sientes. Ponle color…tamaño… forma… etc. Simplemente observa como va elevándose poco a poco y como se va haciendo cada vez más pequeño, hasta que desaparece fundiéndose con el cielo azul.
Mientras nos permitimos observar aquellas emociones o sensaciones que nos producen cierto malestar, evitamos quedar atrapados en las mismas y vernos dentro de una espiral de sufrimiento que se nos escapa a nuestro control. Ya que solo observamos, sin identificarnos, ni convertirnos en el resultado de lo que tememos.
Observamos la experiencia sin aumentarla o quitarla, por lo que las emociones aparecerán, podrán subir pero luego por sí mismas se marcharán, ya que son los pensamientos los que aumentan su intensidad. Esta forma de proceder, nos permite tomar distancia y deja espacio para que nuestra mente tenga cierta claridad en medio de la incertidumbre que estamos experimentando.
¡Ahora ponlo en practica tu mismo!. La próxima vez que sientas malestar, lleva atención a lo que esta sucediendo en ti. Valida tu situación y observa la experiencia sin ponerle etiquetas (malo-bueno). A medida que practicas la observación, aprenderás cómo trabajar en momentos que te generan incomodidad o incluso dolor (miedo, ansiedad, culpa) de una manera más efectiva y liberadora.

Dime cómo te relacionas con tus pensamientos y te diré cuánto padeces

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