El amor te da alas, nunca las corta

Desgraciadamente el maltrato hacia la mujer es una lacra que perdura a día de hoy. No obstante, los tiempos han cambiado y el machismo rancio expresado con la mayor contundencia y agresividad ha tornado a otro mucho más sutil que en ocasiones resulta indetectable para las propias víctimas. Estas manifestaciones esconden patrones de control, de dominio y acentúan la desigualdad. Pero aunque la apariencia sea más benévola (machismo benevolente), las ideas subyacentes son heredadas, las cuales giran entorno a estereotipos que conforman sesgos de género los cuales se transmiten culturalmente. Dependiendo de la educación que transmita la familia, estos se acercarán o se alejarán de dichos sesgos. Estos, marcan los patrones de cómo tienen que ser y comportarse hombres y mujeres (roles de género). Tales diferencias educan a ellos en valores como la competitividad, dominio, fortaleza, agresividad. Y a ellas se les pondera elementos como la belleza, la delicadeza, la atención y el cuidado de los demás, entre otros. Como veis son polos opuestos en donde se establece una jerarquía “protectora”, mediante la cual el hombre considerado como el elemento fuerte, amorosamente debe cuidar a la parte más débil que es la mujer.
Otro punto clave en este entramado, tiene que ver con la educación emocional. A la mujer se le permite la expresión de las emociones, en cambio, al hombre se le restringe ciertas manifestaciones como la tristeza o el miedo pues estas en concreto se entiende como sinónimo de debilidad, y tal y como hemos visto, es competencia del sexo opuesto. No obstante, se ponderan otras como el enfado.
Imaginaos por un momento las implicaciones que tiene la represión de las emociones. Desde esta perspectiva es sumamente complejo enfrentarte a los conflictos emocionales inherentes al propio trascurso de la vida. Esto conduce de manera irrevocable a la frustración más absoluta y, una consecuencia de la baja tolerancia a la frustración, es el sentimiento de ira, el cual mal canalizado da lugar a conductas violentas.
Es la violencia el elemento que muchos hombres utilizan como herramienta de compensación del malestar y de dominio. Como medio para tomar control de una situación que a nivel emocional no saben manejar. Esto no quiere decir que estos individuos que recurren a la violencia no sean conocedores del sufrimiento que causan sobre la persona a la que supuestamente aman, por tanto no les exime de la responsabilidad de sus actos. Pero les resulta la estrategia más efectiva, ya que la violencia es un método que debido al miedo y al sentimiento de inseguridad que genera sobre la víctima, proporciona rápidos resultados.
Tenemos que tener presente que, la violencia no puede ser tratada a la ligera, pues esta siempre va en aumento, nunca en decremento. Concretamente, la violencia machista funciona en la mayoría de los casos, dentro de un círculo que va replicándose en el tiempo, y que a su vez va incrementando su intensidad. Obviamente, el maltrato si se muestra con plena contundencia al inicio de la relación, seria rechazado por la mujer. Por lo cual, responde a un proceso, en el que llegado a un tiempo el hombre debido al malestar acumulado, un día reacciona estallando y agrediendo a su pareja. Consiguientemente, ante el miedo a perderla, él se siente culpable y le pide perdón, asegurándale que no volverá a suceder, incluso llegando a mostrar su arrepentimiento a través de diferentes formas de compensación (muestras de afecto, regalos, halago, etc.). Simultáneamente, el hombre va controlando los diferentes aspectos de la vida de su compañera, por el temor a que esta decida abandonarle.
Este proceso, se vuelve a repetir una y otra vez, dándose una evolución en la forma de pensar de ambas partes. Él tendera a normalizar y a justificar su comportamiento, llegando a cosificar a su compañera como modo de acallar los posibles sentimientos de culpa. Ella por su parte, ira mermando su sentimiento de autovalía, aumentando la sensación de inseguridad y medio, justificando la conducta de su pareja, generándose por todo ello en la víctima un fenómeno que se denomina indefensión aprendida.
Resulta muy complejo para la mujer poder escapar de una situación que tiene tan menoscabada su autoestima, que la ha dejado aislada y que le produce verdadero terror. Pero no son sólo las consecuencias emocionales las que atan a la persona, sino también el posible alcance sobre su propia seguridad física y en muchos casos, la de sus hijos e hijas.
Llegado a este punto podemos apreciar las terribles consecuencias de una forma de amar totalmente destructiva. Debemos tomar conciencia el conjunto de la sociedad. Unirnos todos y todas para erradicar un problema que traspasa fronteras y que a todas las personas nos afecta.
No tiene sentido empezar a poner “peros” y a entrar en comparaciones con respecto a los casos de maltrato hacia los varones, desde luego cualquier tipo de violencia debe ser rechazada con la maxima contundencia. Pero estamos sobre una realidad tan grave que tiene el nivel de pandemia, por lo tanto requiere una respuesta urgente y esto empieza por la sensibilización del conjunto de la población.
A modo de reflexión decir que, el amor nunca puede encerrar, ni cortar las alas de la otra persona. Aunque la jaula que te presenten sea de oro.

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