Aprende a ver la tristeza desde otra perspectiva

La tristeza es una de esas emociones básicas y esenciales en el ser humano y, sin embargo, esta se intenta evitar a toda costa. Esto se debe a que las sensaciones, los síntomas que experimentamos a través de ella, no son placenteros. Por lo que a priori, lo más sencillo si no quieres padecer algo que puede resultarte desagradable, es apartarlo. Pero, una de las peores cosas que puedes hacer es invalidar la tristeza sobre ti mismo, o sobre alguien de tu entorno, pues la tristeza es un elemento que ha perdurado a lo largo de los tiempos debido a la importante función que tiene para la supervivencia en la sociedad.
Te has preguntado alguna vez las siguientes cuestiones; ¿Cómo puedes apreciar la felicidad si nunca has estado triste?, ¿cómo puedes comprender el dolor ajeno, si jamás has sentido una sensación similar?
Lo cierto es que, tienes que sentir una emoción opuesta para ponderar la otra y, del mismo modo, tenemos que sentir tristeza para saber cómo se siente el otro.
Me gustaría, que hicieses un simple ejercicio de percepción, mediante el cual, observes el mundo en su conjunto, con sus virtudes y debilidades. Tras ello, simplemente debes identificar las emociones que te produce. Si como consecuencia, te sientes muy triste, no te preocupes, es una buena señal, te está indicando que eres una persona empática.

Cuando la tristeza nos abre el corazón, tenemos la oportunidad de volvernos completamente humanos. Desde esta perspectiva, la tristeza se constituye como una emoción genuina, que nace de manera espontanea con la finalidad de beneficiar a los demás, unido al deseo de ayudar. Por qué entonces, algo que puede sernos tan útil iba a ser un síntoma de debilidad, que debemos eliminar…

Muchas personas, transforman esa sensación incomoda, en otras que aparentemente duelan menos como la ira o la impotencia.
Sin embargo, emociones cómo la ira nos genera confusión. Y, por supuesto, cuando nos sentimos sin esperanza o indefensos, nos quedamos paralizados, lo que también crea confusión. Además, intentar luchar contra los sentimientos de tristeza genera desesperación. Todas estas actitudes provocan inactividad, y como consecuencia, no haremos nada por cambiar las cosas.
Debemos tener en cuenta que, no hay una sola persona que pueda escapar del sufrimiento. Pues esto forma parte del cambio continuo, es decir, nada siempre permanece constante. La tristeza suele aparecer ante cambios indeseados o inesperados (una relación termina, alguien muere, una enfermedad, etc.). La tristeza nos introduce a la impermanencia, pudiendo ser un recurso muy valioso que nos enseñe a dejar ir.
El cambio es la única constante en la vida. Hasta que no aprendamos a aceptar el cambio, siempre sufriremos.

Muchas personas viven evitando el malestar que genera el sufrimiento, restringiendo su felicidad, mientras buscan protegerse del dolor. La manera más habitual consiste en limitar la profundidad de las relaciones personales. Por lo que de manera quizá involuntaría, acaban abocando al fracaso toda relación emocional, y el único responsable de este sabotaje es la propia persona.

La gente construye muros para defenderse del dolor emocional, los muros dejan a la gente fuera, y a la misma vez que limitan el dolor, también restringen la felicidad. El dolor puede ser un regalo o una maldición según la actitud de la persona que lo  experimenta.

Mantener un enfoque saludable ante la tristeza, consiste en buscar el equilibrio, entre no permanecer estancado en este sentimiento, al mismo tiempo que, no alejamos la tristeza tan pronto como aparezca.

En conclusión, la tristeza es una emoción que nos fortalece porque nos hace ver lo que realmente importa en la vida, como, la amabilidad, la compasión y el amor.

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