Consecuencias del terrorismo

El terrorismo es un tipo de tortura en masa, una tortura que hace que la población viva temiendo un próximo ataque. Es una modalidad de guerra psicológica contra la sociedad. En la que a mayor número de ataques y cuanto más letales sean los mismos, un mayor número de personas se verán afectadas. Los atentados terroristas están diseñados para generar miedo y crear indefensión en la población.

De forma particular, el terrorismo suicida puede obtener este objetivo de manera muy eficaz, inspirado por el fanatismo, a través del cual, al terrorista no le importa perder la vida por la causa, pues para él significa convertirse en un mártir, obteniendo tras su acción y según sus creencias, una serie de recompensas. Sumado al hecho de que resulta relativamente fácil de llevar a cabo, puesto que no se necesitan muchos recursos, pudiendo realizarse un atentado con una mínima inversión económica.

Las consecuencias del terrorismo afectan a los cimientos mismos de la sociedad; a nivel político, económico y a nivel individual, este último genera problemáticas físicas y psicológicas, como depresión, trastornos de ansiedad, etc… e incluso consecuencias en la percepción social de algunos grupos, por ejemplo produciéndose un aumento de los sentimientos xenófobos.

A través de este artículo exploraremos las consecuencias del terrorismo en el ámbito psicológico y veremos pautas para poder realizar el proceso adaptativo de manera saludable.

La función del miedo

El miedo es una emoción que experimentamos después de que el cerebro interprete que está enfrentándose a un estímulo amenazante. Mediante la amígdala se liberan una serie de hormonas vinculadas al estrés, como la norepinefrina y el cortisol, estas hormonas del estrés permiten al cuerpo prepararse para escapar de situaciones amenazantes. Este proceso es llamado respuesta de “lucha o huida”.

La amígdala es una pequeña estructura en forma de almendra, que está ubicada en el lóbulo temporal del cerebro, la cual tiene un papel muy importante en el manejo de nuestras emociones, encargándose, entre otras cosas, de responder a los signos amenazantes. Signos que activa el mecanismo de actuación mencionado. Por lo tanto, el miedo es el resultado emocional que subyace a este proceso. Después de un evento tan traumático como resulta ser un ataque terrorista, se suelen producir una serie de síntomas como; temor intenso, bloqueo emocional y amnesia, entre otros, que se corresponden con el trastorno de estrés agudo, síntomas que se pueden prolongar hasta cuatro semanas, pasado ese tiempo, hablamos de un trastorno más complejo, llamado trastorno de estrés postraumático el cual incluye la re-experiencia persistente de los eventos traumáticos mediante flashbacks (recuerdos del evento) y / o pesadillas.

Los recuerdos pueden aparecer sin motivo aparente y conducir a reacciones físicas tales como:

  • Incremento de los latidos del corazón y sudoración.
  • Sueño y patrones de alimentación alterados, por exceso o verse reducidos (comer grandes cantidades o perder apetito).
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sensibilidad a factores ambientales. Las sirenas, los ruidos fuertes, los olores a pólvora u otras sensaciones ambientales pueden estimular los recuerdos del atentado, disparando la ansiedad.

Es habitual encontrar un aumento de casos de trastorno de estrés postraumático como consecuencia de los ataques terroristas, sin embargo, debemos tener en cuenta que este trastorno no sólo se da en las personas directamente involucradas, sino que también puede afectar al resto de la población. La exposición en los medios de comunicación de estos hechos, puede conllevar a que algunas personas se sientan amenazadas e indefensas, puesto que las mismas viven y reviven a través de las imágenes retransmitidas los ataques. Dando lugar a estados de miedo latente y generalizado, que puede originar tragedias en situaciones multitudinarias e inocuas, en donde las personas vinculen cualquier ruido fuerte, a un acto terrorista, desatándose el pánico generalizado, pudiendo derivar en una tragedia. Como el reciente suceso ocurrido en Turín.

Resultando una labor complicada para los medios, la comunicación adecuada de este fenómeno. Informar de estos hechos requiere de un periodismo riguroso, siendo imprescindible evitar detalles escabrosos, conjeturas no fundadas o imágenes que hieran la sensibilidad. Es importante mencionar, que el objetivo principal del terrorismo, es conseguir asesinar al mayor número de personas, para infundir terror de manera exponencial. Encontrando en la difusión de los atroces actos el escaparate perfecto.

Por ejemplo, una encuesta entre los residentes de Madrid, llevada a cabo meses después de los atentados del 11-M del 2004, encontró un aumento de casos de trastorno de estrés postraumático y de depresión en la población española.

Otra consecuencias habituales a nivel mental son la depresión y el duelo, estas pueden aparecer cuando las personas han perdido seres queridos, han sufrido un impacto económico o experimentado un sentimiento de pérdida de hogar, al perder sus viviendas. Síntomas como sentimientos de inutilidad, insomnio o hipersomnia (exceso de horas de sueño), perdida de interés, etc… Son señales inequívocas de una depresión. El duelo por otro lado, es el proceso habitual y funcional que sigue a cualquier pérdida importante. Si la persona se mantiene dentro de una de las fases del duelo sin evolucionar, este puede cursar con un problema emocional importante, sostenido en el tiempo. Un proceso de duelo “normal” suele durar de forma estimada un periodo entre los seis meses y los dos años.

El sentimiento de culpabilidad es otra de las manifestaciones recurrentes en las víctimas, es un sentimiento frecuente en personas que se han enfrentado a grandes catástrofes y por lo tanto experimentando un gran trauma. Cuestionándose el hecho de por qué se han salvado ellos y por qué otros tuvieron que morir. Es necesario que estás víctimas puedan reconducir este sentimiento de culpa por estar vivos, hacia uno en el que se valore la suerte seguir viviendo.

Afortunadamente, los estudios muestran que la mayoría de las víctimas son suficientemente resilientes (resistentes) y con el tiempo son capaces de sobreponerse y recuperarse de la tragedia. Siendo un patrón común que las personas experimenten ansiedad como secuelas inmediatas, pero en pocos meses la mayoría de la gente sea capaz de reanudar su funcionamiento habitual. Es importante reseñar que la resiliencia y la recuperación se dan en la mayoría de casos, por lo que los supervivientes siguen adelante con sus vidas.

¿Cómo afrontar la situación?

La persona debe darse un tiempo de adaptación y ser paciente con el proceso de curación emocional, teniendo presente que será un momento difícil en la vida. Es necesario que la víctima se permita llorar las pérdidas que ha experimentado.

Asistir a terapias grupales dirigidas por especialistas, también conocidos como grupos de apoyo, formados por personas que han sobrevivido a la tragedia. Orientados a potenciar los efectos de la terapia individual, mediante la ayuda mutua en el proceso de recuperación.

El apoyo social es un componente principal en el proceso de recuperación. El entorno familiar y los amigos suponen un grupo de apoyo importante.

Expresar las emociones y pensamientos, pudiendo canalizarlas de una manera saludable mediante conversaciones con amigos y familiares, y/o manifestarlo de forma creativa a través del dibujo, la escritura, la música, etc…

Evitar tomar decisiones importantes, pues pueden convertirse en un elemento estresante potenciado por la situación que se atraviesa.

Establecer o restablecer las rutinas. Para reincorporarse a la vida que se tenía previamente. Esto puede incluir comer en horas regulares, dormir y despertarse siguiendo un horario.

Disponer de momentos de ocio, mediante los cuales la persona realice actividades que le resulten gratificantes, esto fomenta un incremento en la autoestima y la motivación.

Realizar deporte de manera asidua.

Además de estas recomendaciones, aconsejo que se lea el ensayo “Camino a la Resiliencia”, en el que se describen una variedad de pautas para construir la misma y poder adaptarse a diferentes situaciones traumáticas. Al final del artículo os facilito el link.

¿Cuándo debemos buscar ayuda profesional?

Cuando la persona experimenta de manera persistente sentimientos de angustia, desesperanza y no pueden enfrentarse a sus responsabilidades y actividades cotidianas, se debe consultar a un especialista en salud mental. Necesitándose en muchas ocasiones la actuación conjunta de apoyo psiquiátrico y psicológico.

La capacidad de recuperación del ser humano es asombrosa. Después de todo, la historia ha demostrado que la resiliencia humana gana sobre el terror.

“La educación es la vacuna contra la violencia” Olmos, Edward James

 

http://www.apa.org/centrodeapoyo/resiliencia-camino.aspx

 

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