Cómo saber saber si tu relación funciona

El secreto para que una relación funcione no es nada nuevo, este depende fundamentalmente del trabajo continuo que invierta cada parte implicada.

Pero probablemente, a estas alturas ya has mantenido algunas relaciones previas y conoces de sobra la teoría.

Sin embargo, te sientes confuso/a sobre la situación que atraviesa tu relación, en estos momentos sientes que has hecho todo lo que estaba en tu mano y pese a ello sientes una profunda y persistente insatisfacción, que no desaparece, sientes que no eres feliz.

Ante la intranquilidad recurres a tus amigos para que te den su opinión, porque albergas dudas de si realmente lo que estás viviendo es algo transitorio y normal que se da en toda pareja. Unos te dirán “déjelo/a”, otros te dirán “es cuestión de tiempo y debes aguantar”. Por experiencia, los consejos pueden calmar el malestar que la persona siente momentáneamente, sin embargo, tenemos que tener en cuenta que las personas al darnos su opinión vuelcan sus propias vivencias, por lo que dependiendo de a quien recurras te dirán una cosa u otra, llegando a hacerte sentir con la estabilidad de una veleta.

Pero llegados a este punto, ¿Cómo sabes cuándo una relación funciona?, aunque no estemos acostumbrados a escucharlo detenidamente, todos tenemos una especie de mecanismo que nos avisa sobre si lo que hacemos es bueno para nosotros, este mecanismo está basado en las emociones y su manifestación, a través de los sentimientos. Las emociones subyacentes nos dan una medida bastante aproximada sobre nuestro bienestar, y cuando lo que sentimos de base son emociones como la frustración, el enfado, la tensión o la insatisfacción, de alguna manera nos están advirtiendo que algo no funciona correctamente.

Obviamente toda relación sufre altibajos y no debemos caer en la idealización de tener una pareja perfecta, porque en la vida las cosas no siempre son buenas o malas, siempre hay fases intermedias y probablemente en más de una ocasión tendremos que a travesar momentos amargos.

Por lo tanto, si lo que sientes son emociones pasajeras, quizás no debas preocuparte y lo que debas de hacer es poner un poco más de empeño para fomentar los lazos que os unen como pareja (La relación es como una planta que debe ser regada de manera constante).

Pero si no es tu caso, y esos sentimientos se mantienen de manera constante, debes de reflexionar y tomar un tiempo para escuchar tu propia “voz interior”, la cual, mediante una serie de emociones que te generan malestar te advierte de que necesitas hacer un cambio y tomar un nuevo rumbo en tu vida.

Las relaciones saludables, necesitan estar guiadas por una balanza que mide las cosas positivas y las negativas, y que pese a existir desacuerdos y conflictos, esta se decanta por el lado bueno que se muestra mediante sentimientos de alegría, felicidad y en definitiva de satisfacción.

Este tipo de relación se erige sobre los pilares de la aceptación y el respeto profundo hacia el otro, a través del cual la persona aprende de las experiencias y construye sobre ellas vínculos sólidos.

Debemos desechar ideales aprendidos del amor romántico, que pregonan un amor absorbente, en el cual las dos personas dejan de ser dos para convertirse en una (como ser una naranja compuesta por dos mitades, si te quedas con una mitad nunca estará completa) Para ello es necesario que cada persona disponga de un espacio personal para crecer como individuo y otro espacio compartido para la pareja.

Otros de esos mitos basados en el amor romántico son:

 

El Amor Omnipotente: mediante el cual las personas por amor pueden cambiar sus conductas, incluso las violentas, superar todas las incertidumbres, resolver los conflictos e incluso paliar las incompatibilidades evidentes entre los individuos.

 

El amor como posesión: amor regido por el sentimiento de propiedad, en el que la otra persona se convierte en una posesión y como tal, te pertenece.

 

El Amor Predestinado: el amor se considera algo predestinado, único y circunscrito exclusivamente a una persona, obedeciendo al tradicional proverbio de ‘sólo se ama una vez en la vida’. Según esto, se debe ‘luchar’ por mantenerlo a toda costa, se requiere una entrega total en la que el ser amado se erija como centro absoluto de la existencia.

 

Señales de una relación que no funciona

A veces resulta complicado reflexionar sobre temas que pueden cambiar drásticamente nuestra vida, es necesario armarse de coraje para romper con una relación que se ha podido convertir en un hábito, en parte de ti y ahora te asusta empezar de cero.

 

  • Los conflictos pueden generar discusiones, pero en donde se utiliza el desprecio, la crítica y/o el ataque hacia la pareja, llegando incluso a darse faltas de respeto, existe una relación insalubre, por ejemplo en vez de decir por favor saca la ropa de la lavadora, decir, ¿es que tienes algún tipo de problema en tu cabeza pera no recordar lo que te he pedido?

 

  • Sientes que tu pareja no te valora lo suficiente y necesitas constantemente demostrarle tu valía.

 

  • No confías en la otra persona, al ser traicionado/a la confianza se puede sentir gran inseguridad, puede estar vinculado a todo tipo de mentiras o de conductas ocultadas (referentes a lo sexual, lo económico, etc…)

 

  • Hay discusiones constantes que generan un malestar continuo y una situación tensa de base.

 

  • La otra persona es superficial, cuando en una pareja una de las partes no se implica y/o no quiere profundizar en la relación, esta se estanca. En muchos casos, la inseguridad o el miedo a sufrir hace que muchas personas no asuman más responsabilidades ni se impliquen con la otra persona.

 

  • No se expresan las emociones, se muestra una frialdad continua, resultado de haber traspasado los límites de dolor, por lo tanto las cosas ya no afectan a los miembros de la pareja, ya que los sentimientos por el otro han desaparecido.

 

  • No existe una comunicación fluida

 

  • Falta de tiempo dedicado a la relación, puede darse en uno o en los dos componentes de la pareja. Los intereses externos ocupan todo el tiempo y no se dedica atención a la otra persona (relaciones fuera de la pareja, demasiado trabajo, hobbies continuos, etc…). Como he mencionado anteriormente, es necesario que cada persona tenga un espacio propio el cual puede dedicar a diferentes cosas, pero debe existir un tiempo de calidad que compartir con la pareja.

 

  • Perdida de interés por la otra persona, falta de implicación, carencia de tiempo compartido, continuas discusiones, llevan a una pérdida de sentimientos hacia el compañero/a que en definitiva se manifiesta a través del desinterés y la desilusión por estar con la otra persona.

 

  • La cotidianidad puede llevar a que el amor se acabe, una pareja puede haberse convertido en criaturas predecibles que pronto aprenden las frases del otro, las acciones y los pensamientos. Por lo que no necesitan prestar mucha atención a lo que está pasando. Dejan de existir sorpresas, retos y no se da crecimiento en la relación. Aparentemente parecen compatibles, pero el tiempo hace que se necesiten y busquen nuevas experiencias.

 

  • Estrés excesivo, algo de estrés puede ser habitual en nuestra vida y en pequeñas dosis puede ser correctamente manejado, sin embargo, los recursos que disponemos no son ilimitados y muchos estresores (o uno sólo grande) pueden erosionar incluso las relaciones más sólidas. Los estresores pueden sobrepasar la capacidad de una pareja para aprender y crecer. Si no pueden sobreponerte a ellos, las personas se puede ver rebasada y reaccionar de forma poco adecuada, deteriorando la relación.

 

  • Carencia de empatía, al llegar a este punto, la relación se sitúa en un momento crítico, en donde apenas existe o se carece de identificación hacia la otra persona. No se tienen en cuenta los sentimientos, ni las necesidades del otro. Por lo que la otra persona se puede sentir abandonada.

 

  • No existe proximidad ni contacto, las parejas felices suelen comunicarse a través del contacto habitual, al no hacerlo mostramos lejanía con respecto al otro.

 

  • Aburrimiento, puede aparecer tras un periodo de tiempo en el que el rumbo, los objetivos, los ideales de las dos personas se han distanciado, por lo que acaban por no identificarse el uno con el otro, por no compartir apenas gustos análogos, y finalmente las cosas que hace la otra persona no le resultan de interés.

 

 

  • Necesidades importantes totalmente opuestas, que a la larga son irreconciliables, como que un componente de la pareja quiera irse a vivir a otro lugar, que uno desee tener hijos, hacerse cargo de un familiar, mientras que la otra persona no está de acuerdo.

 

 

 

“Muchos errores, pero muchas cosas buenas vividas”, sería la forma más adecuada de concluir cada relación.

No es bueno, después de haber querido y compartido una parte de tu vida con alguien, quedarse con sentimientos de tristeza, rencor, odio o culpa.

Una relación que acaba no tiene por qué ser una relación fallida. Haber viajado un viaje que comenzó con esperanza y terminó en pena no es un fracaso.

Para finalizar un consejo, intenta aprender de las experiencias vividas porque en ocasiones es un factor clave para que la próxima relación sea un éxito.

 

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