Traumas que no se superan (TEPT)

Tras haber sufrido un trauma, sea del tipo que sea (combatir en una guerra, accidentes de tráfico, desastres naturales, violencia de género, violación, otro tipo de abuso sexual ), el cerebro experimenta una serie de cambios. Cada célula nerviosa (neurona) registra los recuerdos vinculados al trauma, dando lugar a una red neuronal que permanece desconectada del resto de conexiones neuronales, esto produce una repetición del trauma de manera intensa cada vez que se reaviva algo asociado al mismo (olores, tacto, sabores, imágenes, etc…)

A veces las alteraciones que estas huellas generan son pasajeras, reviviendo el malestar a través de pesadillas y estados de ánimo con cierto desequilibrio que desaparecen en pocas semanas. En otras situaciones, los cambios evolucionan a síntomas fácilmente evidenciables que perjudican de manera importante en las diferentes áreas de la persona, interfiriendo en su desempeño laboral, círculo de amistades y las relaciones afectivas.

Dos de los aspectos más difíciles para los supervivientes de un trauma son la aceptación de lo ocurrido y los cambios producidos debidos al incidente, la persona necesita saber qué significan para poder integrarlos de una manera “normal” y sobre todo necesitan saber qué pueden hacer para mejorar o superar dicha situación en la que ahora se ven inmersos. La superación de la situación, viene dada mediante un proceso de recuperación, que comienza por la normalización de los síntomas postraumáticos, siendo necesario para llegar a este punto conocer los síntomas y cómo afectan al cerebro.

Un referente en el campo del trauma es la Dra Francine Shapiro, la cual desarrollo un modelo explicativo, mediante el cual explicaba que los pensamientos perturbadores si se asociaban a movimientos oculares rápidos, perdían su capacidad de generar malestar o perturbación. Después de una larga experiencia práctica concluyó que el proceso había desensibilizado los pensamientos perturbadores. Perfeccionó el proceso y le llamó EMD (Eye Movement Desensitization) que consiste en movomientos oculares guiados por un terapeuta mientras se piensa en el recuerdo traumático, con posterioridad generalizó dicha técnica a través de la estimulación bilateral (auditiva y táctil) con resultados muy satisfactotorios.

Pero para poder explicar el funcionamiento complejo del cerebro recurriremos al modelo explicativo desarrollado por el neurocientífico Paul D. MacLean, el cual explica y realiza una división en tres partes del cerebro, por funciones:

(Tronco cerebral) reptiliano: Corresponde a la parte más primitiva e interna del cerebro, es la responsable de los instintos de supervivencia y los procesos autónomos de nuestro cuerpo.
(Cerebro medio o límbico) existente en mamíferos: Ocupa el nivel medio del cerebro, esta parte es la responsable de las emociones y transmite las sensaciones.
(Cerebro anterior o neocortex): La parte más evolucionada, responsable de la toma de decisiones, el aprendizaje, también interviene en la memoria junto al hipocampo.

Durante una experiencia traumática, el tronco cerebral y el cerebro límbico, toman el control de la situación (secuestro amígdalas). Situando al cerebro y al cuerpo en una posición de supervivencia, anulando todos los procesos que no se consideran necesarios orientados a tal función. Durante este periodo de tiempo el sistema nervioso (simpático) eleva las hormonas del estrés y prepara al cuerpo para dar unas respuestas muy concretas; lucha, huida o parálisis.

Normalmente tras la situación de estrés o peligro el cuerpo vuelve a su estado inicial, reduciendo el nivel de hormonas del estrés (adrenalina y cortisol) y recuperando el control de la situación.

Sin embargo, una serie de personas tras la vivencia traumática desarrolla un trastorno de estrés postraumático ( TEPT ) . En este trastorno el cerebro permanece desregulado dando lugar a un estado de ansiedad continuado, con un nivel de activación elevado que mantiene al superviviente en un estado reactivo.
Síntomas del cerebro desajustado por el trauma

Pensamientos intrusivos (recuerdos no deseados)

Hipervigilancia (respuesta exagerada de sobresalto)

Alteraciones del humor (vergüenza, culpa y negatividad persistente)

Evitación (de todo lo relacionado con el trauma (sensorial, emocional))

Estos síntomas causan un estado de malestar y confusión intensos, mediante el cual sienten que han perdido el control mental y corporal.

Concretamente, la persona puede experimentar ira repentina, aumento del ritmo cardíaco, respiración dificultosa, temblores, pesadillas, pérdida de memoria, problemas de concentración, insomnio,  y embotamiento emocional (incapacidad para reaccionar a nivel emocional”incapacidad para sentir”).

Cómo ocurre el proceso de recuperación

Cada caso es único, pues cada persona experimenta las vivencias de una manera y con una intensidad propia.

La terapia es fundamental para la superación del TEPT, adaptandose a las circunstancias individuales del paciente. A tráves de la misma  se pude conseguir una mejoría significativa en la reducción de los síntomas e incluso la desaparición de los mismos, para ello, es necesario la implicación total en el proceso del paciente, tomando las mediadas adecuadas y evitando determinados situaciones o conductas que pueden complicar el proceso (consumo de alcohol y otras drogas).

Como hemos visto al inicio del artículo el EMDR es una técnica específica para tratar el trauma, que ha obtenido muy buenos resultados.

Otras técnicas psicológicas, como, el PNL, la hipnosis, mindfulness pueden ser utilizadas en combinación con el EMDR o de manera individual, obteniendo también buenos resultados.

 

 

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