La importancia de las emociones en la escuela, Inteligencia Emocional

Nuestra sociedad durante los últimos siglos ha ponderado como un gran valor a la persona inteligente. En los colegios, se han utilizado como instrumentos de medición los test de inteligencia para destacar a los alumnos “potenciales” y caer en una práctica que etiqueta a cada alumno/a, midiéndolos según su cociente intelectual (CI). Esto en muchas ocasiones ha dado lugar a generar expectativas que acaban dirigiendo al alumnado acorde a lo que se espera de cada uno de ellos.

Se asume que los niños los cuales poseen un mayor cociente tendrán un mejor rendimiento académico. Olvidando el hecho de que la motivación es uno de los grandes pilares de la educación y del aprendizaje significativo, de nada sirve aprender de forma compulsiva “bulímica” para luego vomitarlo y de este modo olvidar la mayor parte del contenido aprendido.

A día de hoy está comprobado que la inteligencia académica no es suficiente para alcanzar el éxito laboral. Los profesionales más exitosos, los profesores más brillantes, los mejores médicos, no se corresponden en su mayoría con los alumnos que eran los mejores de su promoción, si no con aquellos que reconocían sus emociones, las sabían gestionar y por supuesto sabían identificar las emociones ajenas. Son aquellos que trabajaron las relaciones humanas, entendiendo que el valor más importante no es material sino el capital humano.

Otra cosa a tener en cuenta y sobre la cual debemos reflexionar, es que la inteligencia no nos da la felicidad en el amor, en la relaciones de amistad o en las relaciones laborales, la inteligencia intelectual no ayuda al equilibrio emocional y por tanto a la salud mental. Sin embargo las habilidades emocionales y sociales son las responsables de ese bienestar mental y emocional, facilitándonos una adecuada de inteligencia emocional (IE). Una carencia de las habilidades que componen la inteligencia emocional, da lugar a conductas poco adaptativas (e incluso violentas), llegando a encontrarnos todo tipo de problemas de conducta en niños y jóvenes. Por ello, la mejor forma de prevenir problemas específicos es mediante la implantación y el desarrollo de habilidades sociales intra e interpersonales, dentro de un ambiente positivo y estimulante por parte sobre todo de las figuras de referencia del alumnado. (padres, madres y educadores).

Debemos de plantearnos seriamente, acerca de la importancia de una educación que combine la inteligencia intelectual y la inteligencia emocional.

 

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